“El inteligente, la oveja negra de la familia, el rebelde, la tímida, el flojo, el chistoso”… No, no estoy hablando del juego de la Lotería, más bien te describo aquí algunas de las etiquetas con las que quizá creciste, ya sea que a ti te calificaron con ellas o, que alguien cercano a ti llevó por “título” estas palabras.
“Las mujeres no pueden estudiar, trabajar, ni generar dinero; los niños no lloran, las niñas calladitas se ven más bonitas, los hombres son fríos y calculadores”… estas frases tan pesadas que hemos aprendido como estereotipos de lo que un hombre o una mujer deben hacer o sentir, seguramente las has escuchado o quizá hasta creído.
Y es que sí, cada uno de nosotros tenemos una historia enmarcada dentro de una familia, una sociedad, cultura, educación, ciudad en que vivimos. Como niños que fuimos y con un cerebro no maduro pero sí muy ávido de aprender, fuimos tomando todas aquellas creencias de los más grandes; aquello que nos dijeron sobre nosotros mismos y sobre los demás.
Probablemente en la mayoría de los casos, no era una mala intención de nuestros padres o educadores etiquetarnos de una u otra manera, ni poner ciertos nombres o catalogar a los demás. Sin embargo así fue y puedes reconocer en tu vida que quizá has vivido siendo quien realmente no eres, sino quien te dijeron que eras: “La bonita de la casa, el burro, el lento, la negativa”, o incluso aceptando creencias sobre el mundo como: “los ricos son malos, la gente con dinero lo hizo de forma ilícita, los pobres son mediocres, el que no transa no avanza” y más.
Algo que me emociona muchísimo es hacer un ejercicio de árbol genealógico con mis pacientes; dedicamos un par de horas y ellos hablan de su historia personal, detectan creencias, etiquetas, estereotipos y limitaciones. Lo hacen desde el amor y la compasión hacia su familia y hacia sí mismos.
Este ejercicio arroja demasiada información muy valiosa, pero sobre todo, les hace darse cuenta que NO ESTÁN DETERMINADOS, que, como diría Viktor Frankl “Infancia no es destino” y que, a pesar de esas etiquetas y estereotipos, siempre pueden vivir de otra manera y transformarse… caminar hacia quien realmente son.
Así que te invito a vivir con esta esperanza, al saber que puedes hacer de tu vida lo mejor posible, reconocer, tomar lo bueno, dejar lo que no aporta a tu vida y avanzar con libertad y responsabilidad.
Te comparto cinco puntos muy sencillos para iniciar ese camino:
1. Tómate un tiempo en soledad, dibuja tu árbol genealógico y detecta ahí todas las creencias limitantes, juicios, estereotipos y etiquetas que vienen de tu familia.
2. Haz un dibujo de ti mismo o toma una foto tuya. Escribe todas las etiquetas que alguien más te impuso y que te has creído.
3. Observa estos dos ejercicios en el papel: Están fuera de ti ¿verdad? Bueno, pues así como los ves en el papel, son mandatos que no necesariamente forman parte de ti. Los escuchaste, te los dijeron, pero no son tuyos.
4. Tómate una foto actual, imprímela y haz una lista de todo lo que SÍ ERES. Pégala en un lugar que puedas ver diariamente.
5. Acude con un especialista a psicoterapia… verás que al compartir tu historia podrás encontrar más elementos para vivir en plenitud y ser tú mismo.
Por: Mtra. Liz Mendívil, Red de Atención Psicológica I Marca Familia

