Un corazón libre de heridas es aquel que libra las heridas

culpa
19 marzo 2024 Mtro. Carlos H. De la Peña

El sentirnos culpables en ciertas ocasiones es un sentimiento común a todos nosotros; pues quien no “sufre” de este tipo de sentimientos o emociones generalmente nos puede dar indicio de la existencia de algún tipo de patología la cual deberá ser tratada por un especialista (en este caso un psiquiatra.)      

Intentando definir la culpa; pudiésemos decir que es un sentimiento “negativo” que se despierta inconscientemente a causa de haber realizado u omitido algún acto o acción por lo general de manera consciente ya sea en contra de nosotros mismos o de nuestro prójimo (conocido o desconocido) y que normalmente también genera esas otras necesidades de reparación, de castigo y/o autocastigo.

Cuando hablamos de este tipo de sentimientos; es necesario precisar algunos puntos.

1.- Por lo general cuando este sentimiento es exacerbado, es posible que hayamos crecido dentro de una estructura familiar demasiado rígida y que tanto la educación como la formación (ética, moral y/o religiosa) que recibimos de uno o ambos progenitores durante las primeras etapas de la infancia, fueron percibidas de una forma autoritaria y muy pocas veces flexible; creando en el infante y más tarde en el adolescente y adulto, ese sentimiento de reparación o castigo incluso cuando no existen motivos ni razones los suficientemente importantes o trascendentes. 

2.- Igualmente el venir cargando desde la infancia heridas no sanadas de abandono y/o rechazo, pueden crear inconscientemente sentimientos de culpabilidad; los cuales aunados a una baja autoestima y seguridad, serán atractores para crear en el adolescente y/o adulto una posible codependencia en sus futuras relaciones. (Tanto en este punto como en el anterior, probablemente sea necesario trabajarlos en psicoterapia.) 

3.- Existen situaciones en donde el acto u omisión cometido sí causó un real y verdadero “daño” el cual tampoco nunca se debe minimizar. Así como una estructura familiar demasiado rígida puede no ser lo más conveniente, también una estructura demasiado “laxa” en donde “todo” se vale sin límites ni estructuras, puede ser causa de que la persona no dimensione sus actos u omisiones.

Una vez tomado en cuenta lo anterior, para poder ayudarnos a disminuir o liberar estos sentimientos, podemos comenzar a trabajar en 3 aspectos concretos:

1.- Aprender a perdonar. El proceso de sanación no incluye únicamente el perdonar a quienes “percibimos” (real o imaginariamente) que nos dañaron de una u otra manera. Tanto el perdonarse uno mismo, como el aprender a pedir un perdón, es parte importante de nuestra liberación de culpa. Dicho acto no solamente nos indica una madurez psíquica de una persona, pues tanto la humildad como la sencillez, deben ir unidas al propio amor. Porque quien generalmente vive en culpas necesita trabajar su amor, su seguridad, su respeto y su propio cuidado.

2.- Existen ocasiones en donde los sentimientos de culpa no suelen ser tan fáciles de liberar, ya sea porque en su momento faltó la humildad para “hablar” y/o reparar, dejando en la vida las marcas de un “antes y un después.” En los adultos mayores es común encontrar este tipo de culpabilidades. El haberse disgustado con algún familiar, socio de trabajo, amigo, etc. Y no haberlo podido reparar es causa también de sufrimiento. En general, quienes se encuentran en las últimas etapas de su vida, se culpabilizan más por lo que no hicieron o dejaron de hacer, que por aquellas cosas que sí hicieron.

3.- Saber diferenciar entre resignación y aceptación en los sentimientos de culpabilidad es muy importante, ya que el primero conlleva continuar “rumiando” algo que desafortunadamente pasó y que probablemente no se pueda cambiar; generando además de las angustias antes mencionadas, ciertos temores, tristezas y desolación. A diferencia de la aceptación, en la cual primeramente nos “aceptaremos” queriéndonos y respetándonos comprendiendo que “todos” cometemos errores, que nadie es perfecto y que en la gran mayoría de las ocasiones actuamos, hicimos o dijimos partiendo de las faltas de amor, seguridad, cariño y comprensión del que probablemente carecimos en algún momento de nuestra niñez. Porque a quienes primeramente nos tenemos que perdonar sin reproches ni auto castigos es a nosotros mismos.

4.- Un ejercicio que también puede ayudar a liberar el sentimiento de culpabilidad cuando la persona ya no está o el hecho cometido no tiene reparación, es el poder redactar una carta escrita de puño y letra, concentrándose en ofrecer a la(s) personas ese perdón o disculpa; aunado a perdonarse el mismo, aceptando, no justificando lo acontecido; teniendo el propósito de sanar y avanzar, viviendo más el presente, con esperanza el futuro y sin culpas ni remordimientos el pasado.   

 

Por: Mtro. Carlos H. De la Peña, Red de Atención Psicológica I Marca Familia


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