Un corazón libre de heridas es aquel que libra las heridas

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04 agosto 2023 Iñigo Velasco

Etapas del duelo

Normalmente cuando hablamos de duelo lo relacionamos con la muerte, con la pérdida de algún ser querido, pero la realidad es que el duelo se presenta ante cualquier tipo de pérdida ya sea un empleo, una casa, la salud y en menor medida con la pérdida de expectativas o de una mascota. Ante cualquier tipo de pérdida se presenta un duelo y aunque parezca una pérdida poco importante es necesario enfrentarlo y vivirlo.

Un duelo no es una enfermedad mental, es un proceso emocional en el que poco o nada interviene la razón, lo que requiere es tiempo, paciencia y comprensión. Existe en el duelo, una herida (la pérdida) que hay que atender y sanar, así como si se tratase de una fractura o una cortada.

Al ser un proceso, el duelo se desarrolla a través de etapas y aunque normalmente se presentan en cierto orden, hay ocasiones en las que se puede volver a una de ellas que probablemente se creía superada, esto es muy común y es parte del mismo proceso, aunque se presenten estas “regresiones” lo cierto es que ya no se viven con la misma intensidad que la vez anterior y se van dando cambios, aunque parezcan sutiles, pero cambios al fin, que nos indican una evolución en el proceso.

Alba Payás psicoterapeuta experta en temas de duelo menciona cuatro etapas, a saber:

  • Trauma o choque: Es cuando se recibe la noticia de la pérdida, en especial si es una pérdida repentina o sorpresiva. Se utiliza como mecanismo de defensa, donde la persona entra en un estado de shock, pierde contacto con la realidad, siente miedo o angustia, sentimientos de irrealidad, puede paralizarse o por el contrario volverse hiperactiva. Es tan fuerte el impacto que el cuerpo entra en este estado para poder hacer frente a lo que está sintiendo. Es de corta duración, por lo general unas horas o pocos días.
  • Protección o negación: Una vez pasado el shock de la noticia la persona sigue presentando un mecanismo de defensa y no acepta la realidad. Comienza a dar paso a sentimientos de enojo o ira por lo sucedido, busca culpables o se culpa a sí misma, evita lugares o personas que le recuerden lo que ha perdido, puede minimizar lo que pasó o lo racionaliza, se aísla o se vuelca en atender a otros. Lo importante es evadirse de la realidad. Esta etapa debería de pasar lo más pronto posible tan solo unos días o pocas semanas. Si la persona después de este tiempo continua en esta etapa es importante que sea atendido por un tanatólogo o terapeuta.
  • Integración- Conexión: La persona comienza a reconciliarse con lo sucedido y poco a poco lo va aceptando. Tiene momentos de tristeza y desánimo y otros de esperanza y deseos de salir adelante, en ocasiones puede tener también momentos de enojo o ira como en la etapa anterior, es normal, se precisa darle tiempo y espacio. Comienza a conectarse con los recuerdos, puede ver fotografías, visitar lugares, etc. Comienza a desarrollar recursos para salir adelante.
  • Crecimiento y transformación: Es la etapa más importante ya que aquí la persona acepta e integra la nueva realidad, aprende a vivir con el vacío que ha dejado la pérdida y es capaz de transformarla y darle un sentido. Puede ver nuevas formas de vivir, adquiere otros valores, tiene más conexión con ella misma y con los demás, valora más la vida y tiene una visión positiva de la misma. Aquí es donde se da un crecimiento espiritual.

Puede servir como indicador que el duelo se está elaborando, la frecuencia en el tiempo y la intensidad con la que se vive el dolor por la pérdida, es decir, la persona no llora, se enoja o se aísla con la misma intensidad y frecuencia con la que lo vivía recién experimentada la pérdida. También es importante mencionar que la intensidad del dolor sufrido va en relación con el grado de apego que tenía la persona con aquello que perdió, entre más apego mayor sufrimiento.

Se considera que el proceso de un duelo normal, tiene lugar en un periodo de aproximadamente 6 meses a un año, máximo dos años ante la pérdida de los hijos. Después de transcurrido este tiempo, puede considerarse un duelo patológico que implicaría convenientemente la ayuda de un profesional.  

No importa que tipo de pérdida se esté viviendo, sea “pequeña” o “grande”, lo importante es que la persona se conceda el permiso de vivir y elaborar su duelo. Resulta fundamental comprender que los duelos son personales, intransferibles y únicos, cada persona lo vive de forma distinta, de acuerdo con sus creencias, educación, personalidad y costumbres, por referir algunos aspectos. No es adecuado expresarle a un doliente qué es lo que debe o no debe sentir o cómo vivirlo, el respeto es la clave del acompañamiento, es de ayuda hacerle sentir a la persona que atraviesa un proceso de dolor que se está con ella, que se le comprende y que se intentará apoyarla en lo que pudiera necesitar.

Por: Mtra. Beatriz Flores De Alba, Red de Atención Psicológica I Marca Familia  


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