En estos tiempos es bastante común sugerirle a nuestra pareja acudir a terapia conjuntamente para ver “si así se arreglan las cosas”.
Son varios los puntos importantes que podemos mencionar:
1.- Para que una terapia de pareja pueda “comenzar” es fundamental que ambos deseen ir. En general, son las mujeres o esposas quienes tienen la iniciativa de acudir, existiendo en ocasiones ciertas resistencias por parte del hombre. En dado caso que nuestra pareja se niegue rotundamente a ir, o yendo, no dé ningún tipo de indicios de cooperar, es mejor comenzar un proceso terapéutico individual.
2.- Superado el primer punto, considero que el conocer los problemas específicos y qué se quiere conseguir durante el proceso es de gran importancia. La honestidad, la claridad y la especificidad de los hechos comunicados al terapeuta o consultor son esenciales tanto para el desarrollo de un adecuado encuadre, como las herramientas y la forma de trabajar; que en su momento le irá dando forma a personalizar.
3.- Saber que los tiempos pueden variar. Al vivir hoy en una sociedad de la “inmediatez,” queremos que todo sea rápido y a nuestro gusto. Es común que las parejas pregunten si en tres o cuatro sesiones quedará su problema “arreglado” a lo que generalmente les respondo con la pregunta ¿Cuánto tiempo llevan cargando ese problema? Por lo común la respuesta son varios años. Generalmente las parejas se tardan entre 5 y 7 años para pedir ayuda una vez que comienzan a detectar problemas en la relación.
4.- Trabajar la madurez, la aceptación, la flexibilidad y la responsabilidad. Son muchas las parejas que acuden a terapia para que sea el terapeuta quien ayude a “cambiar” a la pareja porque “así ya no lo soporta.” Es muy común escuchar que el problema no lo tiene ella o él sino su pareja y que quien tiene realmente que trabajar es la pareja. El proceso en la terapia siempre es conjunto y nunca se trata de “amoldar a mi pareja según mis gustos, caprichos y necesidades;” sino de trabajar más la aceptación, la toma de conciencia y la madurez, identificando que por alguna razón yo lo (a) escogí, y responsabilizándome de la forma como respondo ante eso.
Y es en este mismo punto donde en ocasiones las personas no ceden para adentrarse en sus verdaderos y reales problemas íntimos que cada uno carga. Queriendo “arreglar” todo desde una manera superficial, quedando en ocasiones la terapia a la mitad y por consiguiente dejando a la pareja más frustrada de cuando comenzó. Para un buen porcentaje de personas es difícil comprender que lo que hoy proyectamos en nuestra relación de pareja, es generalmente consecuencia de lo que ayer vivimos en nuestra familia de origen y muy especialmente en nuestras primeras etapas de la infancia.
5.- En ocasiones el trabajo en una terapia de pareja no puede constreñirse a enseñarnos únicamente a “hablarnos bonito, validar nuestros sentimientos y emociones y no gritarnos.” Un trabajo en pareja requiere un tiempo considerable para verdaderamente conocernos a profundidad de manera muy personal, saber desde qué heridas o vacíos actuamos y porqué y qué consecuencias están trayendo a nuestra persona y relación.
6.- Una vez madurado y aceptado lo anterior, es fundamental aprender a llegar a tomar “acuerdos.” Los cuales siempre tendrán que ser concretos, flexibles y con beneficios para ambos. Si no hay beneficios para ambos, no son acuerdos; son imposiciones o reglamentos disfrazados de acuerdos.
7.- Trabajar en casa. El acudir una vez por semana no es suficiente, las actividades que se sugieren son generalmente con el propósito de ir cambiando poco a poco la estructura tanto personal, como de la pareja. Ser pacientes es bueno, pero más bueno es el apoyo del uno al otro desde el amor desinteresado que en un principio hubo, en el apoyo mutuo, en saber aceptar los cambios y en volver a tener un plan de vida en conjunto, respetando de forma clara la individualidad de cada uno; el volver a renovar todo aquello que se tiene en común y el tener la esperanza de volver a comenzar desde una personalidad más sana, madura y equilibrada.
8.- El acudir a una terapia de pareja no garantiza de ninguna manera que seguirán unidos. Lo que sí puede garantizar cuando ésta se lleva de principio a fin, es que ambos habiéndose conocido con mayor profundidad; aceptándose a sí mismos y madurando, sean capaces de tomar futuras decisiones con una mayor responsabilidad. Con el fin de no volver a repetir la misma historia una y otra vez.
Por: Mtro. Carlos H. De la Peña, Red de Atención Psicológica I Marca Familia

